De ‘zombies’ y superhéroes

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Mi generación dejó de creer en los superhéroes el 22 de mayo de 1995. Ese día Christopher Reeve se partió el cuello y los críos comprendimos que en el mundo no había superpoderes. A pesar del desengaño decidimos seguir dedicados a consumir sus historias en las pantallas de cine. Lobezno, Batman, Supermán, el Capitán América o Spiderman nos siguieron entreteniendo aunque inevitablemente con decreciente fascinación. Nos hacíamos mayores.

Yo he adquirido un raro compromiso con las historias de superhéroes por el papel que juega en ellas la profesión periodística. Clark Kent es redactor en el ‘Daily Planet’, Peter Parker, fotógrafo del ‘Daily Bugle’ y las peripecias de Batman están siempre en la portada de ‘The Gotham Times’.  Quizás por eso fui a ver la última cinta del género, ‘Batman contra Supermán’. De las dos horas y media de metraje destaco una sola escena: los héroes van a una fiesta en la que suena de fondo el Vals nº 2 de Soshtakovich. Sólo esos acordes magistrales me sacaron del narcótico sopor en el que estaba sumergido. Cuando cesó la música volví a un encantador letargo con aroma a palomitas, porque como dijo Clinton Fadiman, “aburrirse en el momento adecuado es signo de inteligencia”.

La película es en suma un ejemplo colosal de estos nuevos directores que despachan las historias sin el menor vestigio de gracia ni de talento, planteando una y mil veces con un enfoque agotado los mismos temas de siempre: la familia, el poder y la responsabilidad, las flaquezas y las dudas y por último el amor y el sacrificio;  y como se obstinan en fracasar en su pretencioso delirio de querer hacer filosofía, las cintas acaban siendo una retahíla mal hilvanada de diálogos carentes de todo interés a los que acompaña una sucesión insoportable de persecuciones, tiros, explosiones y efectos especiales que consiguen que gran parte de la audiencia abra la boca y se asombre como si estuviera presenciando la traca final de una colección de fuegos artificiales. Y así una vez tras otra, una película tras otra. 

En un momento de ‘Batman contra Supermán’ cobran protagonismo unos monstruos gigantescos de rostro cadavérico. Desde la fila de atrás surgió la voz de un niño: “Mira papá, son como zombies”. No sé si hablaba de los monstruos o de los espectadores.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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