El Serengueti

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Con el permiso de Ridley Scott debo empezar esta columna citando la inolvidable frase de Blade Runner: Yo he visto cosas que ustedes no creerían. Sí, cosas insólitas y extravagantes en cada cóctel, vino de honor, almuerzo de trabajo, gala o evento con pitanza gratis. Yo he sido testigo atónito de los sucesos más grotescos que nadie pueda imaginar. He visto a los camareros salir temblando con sus bandejas en la mano y en un segundo ser engullidos por una barahúnda de brazos y voces que los asalta y entierra, dejando en un santiamén las bandejas limpias como espejos sin una miga de pan. Yo miro a los ojos de los camareros y reconozco en ellos ese terror ancestral de las gacelas del Serengueti, esa mirada de espanto justo antes de la muerte, esa agonía muda de los ñúes cuando sienten en su costillar las dentelladas y picotazos de buitres, leones y hienas. Pobrecitos camareros.

No todo el mundo tiene este instinto predador, pues hay conmigo otros muchos que, copa en mano, observan boquiabiertos la escena como si fuéramos todos espectadores de un documental de La 2. “Mira, por ahí sale otro” me dicen, y de nuevo la misma degollina. Yo he visto a señoras llenando táperes, gentes que acuden con bolsas e invitados engullendo a dos carrillos en un rincón del salón. Cosas que ustedes no creerían, o sí, porque las han visto igual que yo. Esto no sucede sólo aquí, también en FITUR y en otros muchos lugares he contemplado vodeviles similares. Son comportamiento que nada tienen que  ver con el hambre o la glotonería, sino con el ansia irracional que a algunos se les despierta cuando se da algo de balde y también, por qué no decirlo, con cierta necesidad cateta por sentirse VIP, importante y especial.

Dicen los sociólogos que este último motivo explica el éxito del ‘selfie’ y de las redes sociales. Yo no encuentro en ello la menor satisfacción y no comprendo esa loca calentura por la croqueta o la tarrina de risotto, pero puedo entender un poco la fiebre por la foto con el famoso, porque como escribió Larra “todo el año es carnaval”, todo el año es postureo y fotito con el móvil. “Haz otra por si acaso”, dicen riendo. Al menos cuando están con la foto se olvidan del camarero, que suda y aprieta el paso pensando que va a salir vivo. Se equivoca.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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