La niebla

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La niebla cubre las calles con un manto de pereza. Amanece entre bostezos, y la ciudad, blanca y fría, parece una foto mal revelada. Los días de niebla en otoño tienen algo de ficción y ensueño, como de acuarela de París o de película en Londres. Una vez estuve en Londres y no pude ver las famosas neblinas del Támesis , mala suerte. Lo que sí vi fue mujeres con burka por vez primera, qué cosas. Andar con burka debe de ser como tener cosida en los huesos y en el alma la tiniebla más oscura. Turbador, querido Watson.

Me gustan los días con niebla porque son como folios en blanco. Los coches van más despacio, cortando el aire nublado con sus focos amarillos. Aguardan muy quietitos los gorriones, que se apretujan en las ramas durmiendo, o esperando a que despeje, o bebiéndose la niebla igual que leche caliente. Como en el haiku de Masaoka Shiki: “pisa las nubes/ bebe la niebla/ la alondra remontándose”.

Una mañana de frío y bruma fuimos a un pueblo a grabar un acto de gran importancia: venía una ministra. El pueblo entero esperaba en la plaza, fastidiado por el aire gélido y la bruma, y todo el mundo se tomaba grandes trabajos por componerse y mostrar la debida ceremonia. Transcurría la mañana y ni se abrían los cielos ni llegaba la ministra. Gran desasosiego. “Se habrá perdido, con esta niebla…” “no llega, no…”, oíamos los periodistas. Yo también me entristecía, porque una ministra no es algo que se vea todos los días. Pero al fin, al cabo de mucho rato, apareció por donde nadie la esperaba. Un fantasma entre la niebla, una ministra en el pueblo. El cura hizo un gesto muy solemne y alguien dio orden de que sonaran las campanas, escondidas entre el velo de algodón que era el cielo esa mañana. Así, con repicar de campanas y un ambiente blanquecino la ministra atendió a los reporteros. Después se marcharon todos en pomposa comitiva y al rato se deshicieron las nubes, dejando a la vista un cielo azul altísimo.

Y es que los días de niebla son como los malos ratos de la vida, casi siempre terminan por dejar paso al sol. Por eso me gustan , por eso esta mañana alzo la mirada al aire y con grandes aires de entendido me digo “a mediodía levanta”.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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