El mundo pide nostalgia

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La falta de talento que preside hoy nuestro mundo ha convertido a la nostalgia en un elemento cultural de primer orden. La nostalgia, la añoranza melancólica de un pasado evocador, siempre ha sido un ingrediente de abundante uso en la producción cinematográfica, literaria o musical, pero lo de ahora alcanza ya cotas de auténtico escándalo. Como no hay inteligencia, como falta juicio y herramientas intelectuales para crear algo bueno y memorable se acaba recurriendo al pasado para reciclarlo y presentarlo almibarado una y otra vez, y esto es para preocupar.

La serie ‘Aquellos maravillosos años’ lo explicaba todo en su título, pero por si quedaban dudas la cabecera de apertura era la voz aguardentosa de Joe Cocker acompañando una sucesión de escenas familiares grabadas con Súper 8: barbacoa en el jardín, una pelea de hermanos, los niños jugando por el vecindario… Aquella serie era buena y funcionó de tal modo que en España la copiamos en forma de ‘Cuentame’. Peter de Vries dijo una vez que la nostalgia ya no es lo que era, y estuvo bastante acertado.

España, este desolado erial en el que el poco talento que milagrosamente brota termina siendo exportado como las hortalizas de Almería, vive hoy su Edad de Oro de la nostalgia: ‘Historia de nuestro cine’, ‘Qué tiempo tan feliz’, ‘Cachitos de hierro y cromo’, ‘Velvet’ o el reencuentro de ‘Operación Triunfo’ demuestran que la fórmula funciona. Consuela a medias pensar que esto pasa a escala planetaria. El último gran éxito televisivo mundial es la serie ‘Stranger Things’, un buen producto con logradas y constantes referencias a ‘E.T.’, ‘Los Goonies’, ‘Alien’ o ‘Encuentros en la tercera fase’. Lo mismo ha conseguido un adictivo libro de aventuras con incontables evocaciones ochenteras titulado ‘Ready Player One’. Se ha traducido a veintiún idiomas y lleva diecisiete ediciones. El mundo pide nostalgia y nostalgia se le da.

Richard Ford avisa en su novela ‘El periodista deportivo’ que vivir permanentemente en la nostalgia conduce a un estado de ensueño y ensimismamiento que acaba por ser peligroso, algo así como cruzar la carretera mirando el móvil. Sus síntomas – continua Ford – son “una pérdida de la capacidad de percepción y una reacción ante hechos excesivamente inútiles”. La novela es de 1986. Nostalgia pura.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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