El recreo permanente

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El reto del maniquí, que es la nueva moda planetaria, ha vuelto a demostrarnos que el mundo occidental es un sitio cada vez más infantil. En una reciente entrevista con el rector de la Universidad de La Rioja, Julio Rubio me decía que “la sociedad actual ensalza el valor de la juventud, pero luego mantenemos a los jóvenes permanentemente infantilizados durante años y años”. El rector se refería sólo a los jóvenes, especialmente a los universitarios, y yo añado que hoy en día jóvenes y adultos de todas clases vivimos en un gran jardín de infancia. Puede que esto haya sucedido siempre, pero gracias a internet las patochadas virales se propagan con la velocidad con la que arde la pólvora, y como el componente fundamental de estas mentecateces consiste en exhibirlas, uno no puede evitar encontrarse por doquier esos vídeos de gente tirándose cubos de agua, saltando desde balcones, quedándose congelados o bailando el ‘Harlem Shake’. El recreo permanente del mundo desarrollado.

Estas majaderías tan entretenidas para el personal se agotan rápidamente, y lo de hacer el maniquí ya se ha quedado anticuado. A por la siguiente ocurrencia. Yo respeto todas las modas siempre que no sean obligatorias, pero esto de quedarse parados es una hermosa metáfora que a mí me ha recordado la frase de Lorenzo de Médicis: “Pan y fiesta mantienen al pueblo quieto”. Quieto. Literalmente. Pero también detenido en el aspecto mental, porque mientras la gente siga entregada a infantilidades tan absurdas como debatir si el vestido es azul o blanco se olvida de otras cosas que tienen cierta importancia.

Los expertos dicen que es imprescindible jugar y entretenerse también en la edad adulta, que hay que aburrirse, reír, bailar y vaciar la cabeza de vez en cuando, pero la pasión con la que la gente se aplica a estas extravagancias no deja de sorprender. ¿Qué revela de nosotros? ¿Por qué ese exhibicionismo? En la gran zona de juegos en la que estamos atrapados la gente compite por ser la más ocurrente y divertida. Por eso tiene su gracia una reciente convocatoria viral: 16.000 personas han quedado a través de las redes sociales para llorar. La cita es en abril. Si la cosa sigue así es posible que me apunte.

 Artículo publicado en Diario La Rioja

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