Say yay!

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El Festival de la Canción de Eurovisión tiene la capacidad de provocar en algunos millones de personas unas emociones fuera de lo común. Son listos en Eurovisión, pues comprenden que para excitar a los que como yo no compartimos ese fervor desmedido de pancarta y militancia patrio-melódica hay que abonar las semanas previas con polémicas de toda clase, por eso las mujeres barbudas, los cantantes bufonescos con guitarras de juguete o la reciente y descabellada lista de banderas prohibidas. A mí, como a Norman Mailer, las banderas me ponen incómodo, porque los asuntos de estandartes suelen ser de fácil inflamación, aunque casi siempre se consumen con idéntica rapidez con la que se extingue una cerilla.

Apagada ya esa controversia ahora la discusión se centra en los idiomas. Ocurre que la canción que nos representa, y que entre sugerentes movimientos de ombligo interpreta una chica que se hace llamar Barei, es totalmente en inglés. Se alzan quejas muy airadas por la letra de la canción, cuyo título es “Say yay!”, lo que suena como el exabrupto que profieres cuando te pillas un dedo con la puerta del coche o te quemas la mano con la vitrocerámica. “Say yay!”, así, con exclamación final. Gran talento.

A nadie debería sorprender que España envíe semejante composición, dado que la infección inglesa de nuestro lenguaje es constante e imparable. Los bares tienen ‘free wifi’ por donde vuelan los ‘whatsapps’ mientras las gentes dejan sus coches en los ‘parkings’ para convertirse en ‘runners’, pues es el ‘hobby’ del momento. Y así podríamos seguir hasta agotar la tinta de la rotativa, porque como el anglicismo está envuelto de un falso lustre de modernez y de prestigio posee el salvoconducto perfecto en esta sociedad que a todas horas hace gala de un esnobismo cateto y que vive completamente alienada por la cultura anglosajona. No hay nada que hacer salvo observar el naufragio del idioma mientras la orquesta del barco interpreta los acordes de “Say yay!”

Lo meritorio fue lo de Chema Purón, que como buen riojano hizo bandera de la cuna de la lengua presentando dos canciones a Eurovisión en perfecto castellano, una excentricidad. Se llamaban ‘Colgado de un sueño’ y ‘Vuelve Conmigo’, y compitieron dignamente en la lengua de Cervantes. Pero claro, es que Chema es un Quijote y un romántico. Y un auténtico ‘crack’.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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