Sueños de fútbol y otoño

Liga-371x500El fútbol no es para el verano, y menos desde que las pretemporadas han perdido su magia, ese hechizo de banalidad que brillaba en las pantallas durante las noches de julio y agosto. Con el Trofeo Carranza, el Colombino y el Teresa Herrera el frescor se colaba por las televisiones de las casas, y en esas veladas plomizas y pegajosas poner el partido era un remedio mucho más eficaz contra el calor que abrir las ventanas; se sentía hasta el olor del césped recién regado. Hoy ver las funciones patrocinadas que interpretan los equipos en Japón o Estados Unidos es un auténtico tedio, una cosa tan molesta como un tábano en una tarde de tormenta. Luego se acaban esas lucrativas giras y va llegando la Liga con su álbum de cromos y su quiniela, que agoniza sin remedio ante el monstruo de las máquinas de apuestas y las páginas de juego “online”. Es el drama del papel en el siglo XXI. Los chavales ven hoy el gag de ‘Martes y 13′ sobre la quiniela y no entienden una palabra, y explicarles el chiste es un esfuerzo tan inútil como ridículo.

Lo que no ha cambiado es que el verano termina cuando comienza la Liga, por mucho que se empeñen esos reputados expertos de la física atmosférica en colocar a finales de septiembre el tránsito de estación. Se trata de un error como cualquier otro, porque cuando empieza a rodar el balón termina el tiempo de la playa y la piscina y toca volver al estadio, disfrutar con las tertulias y entusiasmarse otra vez. Esto no hay quien lo discuta.

En los primeros partidos cualquier pequeño detalle sirve para sacar las conclusiones más categóricas y apresuradas. “Otro año a sufrir”, te dices al ver una barrera mal colocada, o por el contrario quedas totalmente persuadido de que la temporada traerá éxitos y gloria tras observar algo tan trivial como un saque de banda bien ejecutado. Es lo mejor de la Liga, su comienzo, como aquel del 89 en el que el Logroñés de Abuelo Cruz, Ruggeri y Alzamendi se colocó segundo tras ganar los tres primeros partidos del campeonato; un espejismo precioso, un sueño loco, algo que no tiene precio. Lo del final, los ascensos, los títulos, los trofeos… eso son asuntos de una gran vulgaridad, porque en este deporte lo que de verdad importa es luchar y apasionarse. En eso el maldito fútbol también es como la vida.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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