Un tipo con clase

BS-874x500

A Bud Spencer lo trajeron una vez a un programa de televisión español y al pobre Carlo (que así se llamaba, Carlo Pedersoli) lo pusieron a medir su fuerza en una de esas máquinas de feria de dar puñetazos. El hombre ponía una sonrisa estoica ante la sucesión de majaderías que se obstinaban en proponerle dos cómicos televisivos. Carlo, al que llamaremos Bud, dio aquella noche una lección de paciencia y clase al responder con educación a cada una de las estúpidas preguntas que le iban formulando esos dos bufones encorbatados.

– ¿De qué fuiste campeón? ¿De boxeo?

– No, de natación

– Ah… de natación

– Y medalla de oro con la selección  italiana de waterpolo

– Waterpolo, claro… mucho mejor que salto de trampolín, ¿verdad? ¡ja, ja, ja!

Gran carcajada del público. Bud sonríe. Qué pena todo.

Si quieren leer algo de fundamento sobre este actor que además de ser un enorme deportista hablaba cinco idiomas, cantaba, escribía libros y amaba nuestro país, busquen la entrevista que le hizo Íñigo Domínguez para Jot Down. Yo la he releído estos días y es una maravilla. Aunque nada como ver sus películas junto a Terence Hill, esos ‘westerns’ de comedia en los que no había sangre. Carlo Pedersoli y Mario Girotti eran Bud Spencer y Terence Hill, eran el Gordo y el Flaco, eran Chewbacca y Han Solo, eran Puyol y Xavi, eran –ya lo han dicho otros- Sancho Panza y Don Quijote.

Con la muerte de Bud Spencer a comienzos de verano se ha marchado una parte de nuestra infancia, no sólo porque de pequeños disfrutáramos con sus aventuras y mamporros, sino sobre todo porque el personaje que representaba era la encarnación gigantesca del niño que vive en nuestros adentros. Bud nos tenía cautivados porque era capaz de ejecutar con natural maestría lo que tantas veces hemos querido hacer cada uno de nosotros: aplicar la medicina de dar un buen coscorrón al necio que teníamos delante. Cuando uno sin quererlo va perdiendo la inocencia y adquiriendo madurez ese recurso concluye, queda limitado sólo a dar algún tímido guantazo a la pantalla del ordenador cuando se cuelga; una cosa que no consuela, una auténtica miseria.

Artículo publicado en Diario La Rioja

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s