Viñas y silencios

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Jesús Quintero siempre ha sido el genio de los silencios. El tipo dejaba caer una pregunta, el entrevistado respondía y Quintero quedaba inmóvil, con la mirada centelleante del loco de la colina y un rictus inescrutable como de sonrisa contenida en un perfecto silencio. Primer plano de Quintero. Silencio. Zoom lentísimo a los ojos del entrevistado. Silencio, más silencio. El espectador, cautivado ya totalmente por el drama, guardaba la respiración mientras iba acercando su nariz a la pantalla, y entonces al fin el entrevistado hablaba, se desnudaba, se abría en canal y empezaba a contarlo todo. Una vez dijo Quintero que el propósito de sus silencios era integrar al espectador en la entrevista, porque entendía que eso es siempre cosa de tres: el que pregunta, el que responde y el que lo observa. Qué sabiduría. 

Esa actitud de Quintero ha tenido siempre un aire de duelo al sol, de vieja película del Oeste. No en vano es en los ‘westerns’ donde están los mejores silencios de la historia. Yo no he leído una novela con silencios más crepusculares que ‘Centauros del desierto’: “El sonido de los rifles y los gritos de guerra cesaron, y la pradera se volvió mortalmente silenciosa”. Así, entre silencios y paisajes, cabalgan Amos y Mart durante toda la trama, una cosa extraordinaria. 

Los silencios son riquísimos porque están siempre llenos de significado. Pueden ser cualquier cosa: silencios afirmativos, acusadores, desafiantes, comprensivos, terroríficos, amables, cobardes… Hace tiempo fuimos a un pequeño pueblo de La Rioja Alavesa para preguntar a las gentes qué opinión les merecía la intención que expresaban algunas de sus bodegas de dejar la DOC Rioja. “Ah, pues no sé” , “a mí no me preguntes” , “yo de eso no hablo”, nos decían los vecinos, y enseguida desfilaban a algún recado muy urgente. Sí, hubo quien se detuvo y nos dijo cuatro palabras, pero casi todos dieron la vuelta a la esquina al escuchar la pregunta. Es cierto que el miedo es libre, pero no hay peor silencio que del cobarde que no quiere pronunciarse por lo que pueda pasar. Lo describía Saviano en ‘Gomorra’, su libro sobre la mafia napolitana: “Los capos tienen en el silencio el arma más segura para conservar su autoridad”. La ‘Omertá’, la ley del silencio y del miedo. Tristemente de eso saben mucho al otro lado del Ebro. 

Artículo publicado en Diario La Rioja

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