Duelos

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En La Rioja se ha desatado una pelea extrañamente pública y dramática. Se han expuesto tanto los dos candidatos, se ha mostrado tanto el brillo de las navajas que el duelo recuerda al que celebraron dos caballeros franceses en 1808 en el cielo de París: Monsieur Le Pique y Monsieur de Grandpré se desafiaron por culpa de una joven bailarina de la Ópera, subieron cada uno en en un globo aerostático y a golpe de trabucazos trataron de pinchar el globo de su oponente. El duelo fue breve, porque Grandpré acertó pronto y el globo de Le Pique se precipitó hacia el implacable y frío suelo francés matándole a él y a un amigo que le acompañaba. Un espectáculo grotesco y a la vista de todo el mundo, y por tanto bastante parecido al que estamos asistiendo en La Rioja. Esperamos desenlace.

Aquel duelo de París fue efímero, rápido como una partida de piedra, papel o tijera, pero hay otros que nunca se acaban, como los encuentros entre Brasil y Argentina; cuando el arbitro señala el final ahí no termina nada, el pitido marca tan sólo un descanso, una pausa en una guerra que lleva décadas librándose. Pasa lo mismo con Nadal y Federer; sus partidos son tan épicos que no queremos que acaben jamás. ¿Cuánto llevan enfrentándose Nadal y Federer? Nadie lo sabe, seguramente lo hacen desde antes de conocerse.

Durante el tiempo que Mark Twain ejerció de editor jefe en el ‘Enterprise’ escribió un editorial en el que criticaba al director de otro periódico local. El señor Laird, objeto de sus reproches, respondió desde su tribuna del diario ‘Union’ y el pleito se fue encendiendo tanto que al final decidieron resolver sus diferencias en un duelo a punta de pistola, pero los duelos en el estado de Nevada eran ilegales y aquello no terminó en pólvora y sangre. Muchos pensaban que aquí, como en Nevada, también se acabaría evitando esta batalla política; estaban equivocados, y cuando termine todo y se alce el ganador alguno se sentirá como el Duque de Wellington después de Waterloo. Tras vencer a Napoleón, Wellington contempló las colinas llenas de soldados muertos y dijo: “Salvo una batalla perdida, no hay nada más triste que una ganada”.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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