Meter la pata

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El error siempre llega de improviso, te golpea por sorpresa y su eco queda resonando mucho tiempo como una bofetada en un frontón; todavía hoy se recuerda el fallo a puerta vacía de Cardeñosa o el ‘viva Honduras’ de Trillo. Ocurrirá lo mismo con el disparate del Oscar a ‘La La Land’, del que se hablará bastante. Después de todo el embrollo Warren Beatty trató de explicarse. Aún tenía un gesto extraño y la aclaración no sirvió de nada. Sus palabras sonaron incomprensibles, era como si hablase en una lengua desconocida. Pero hay quien es capaz de reponerse y aprovechar sus errores. Al Gore, tras perder contra pronóstico las elecciones presidenciales, se dedicó a engordar, dejarse barba y dar conferencias. En ellas solía presentarse diciendo: “Yo fui el próximo presidente de los Estados Unidos”. La frase era buena porque además de quitarse solemnidad, Gore le puso humor a su derrota, la convirtió en su tarjeta de visita e hizo que doliera menos. Sergio Ramos también logró desquitarse y dejó de ser ‘el tipo que lanzó a las nubes el penalti contra el Bayern’. Lo consiguió poco después de aquel error, cuando tuvo que lanzar otro penalti en la Eurocopa y decidió tirarlo ‘a lo Panenka’. Mientras celebraba el gol, a Ramos sólo le faltó marcharse a un córner y decir frente a la cámara aquella frase de Don Vito Corleone: “Es bueno que los enemigos sobreestimen los errores de uno”.

El grupo ‘DVicio’ cometió un fallo descomunal en los Grammy Latinos. “El ganador es ‘Duo 2’ de Juan Gabriel, ¡enhorabuena!”, dijeron al anunciar un premio. Al ver que nadie subía a recogerlo continuaron: “¿No está Juan Gabriel?… no ha venido… Bueno… la Academia se encargará de hacérselo llegar”. Complicado; Juan Gabriel había muerto tres meses antes.

Hace tiempo fui a un concierto en Logroño. Era un buen grupo y tenía ganas de verlo en directo. La banda empezó genial, con actitud y un sonido fabuloso. Después de un par de canciones el cantante se dirigió al público por primera vez. “¡Buenas noches Santander!” dijo gritando ante el micrófono. Yo me largué despacito, me escabullí del gentío y pedí una cerveza en la barra. Hay fallos que duelen mucho.

Artículo publicado en Diario La Rioja

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