Fotografías

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Cuando a finales de la Segunda Guerra Mundial los generales estadounidenses Bradley, Patton y Eisenhower descubrieron la atrocidad de los campos de concentración alemanes se quedaron tan sobrecogidos que se empeñaron personalmente en dejar testimonio de aquel exterminio. Pidieron que se grabase todo sin disimulos ni censuras: los hombres desnudos y famélicos tras el alambre de espino, las fosas llenas de cuerpos, los crematorios… Patton vomitó y Eisenhower se quedó pálido, pero quiso recorrer cada rincón del campo de Buchenwald para “poder testificar de primera mano sobre estos acontecimientos por si surge algún día la creencia de que las historias de la brutalidad nazi son sólo propaganda”. Había que mostrar al mundo las consecuencias de aquella maquinaria de la muerte en toda su inconcebible crueldad

La imagen de un hombre agonizando tras la explosión de una bomba o la foto de un niño ahogado en una playa de Grecia tampoco son escenas agradables, pero son relatos del mundo en el que vivimos, igual que la fotografía de unas Ramblas sembradas de cuerpos, sangre y desolación. Querer apartar la mirada y desviar la atención hacia la falsa polémica de la publicación de las fotos es una cosa propia de necios y miserables, cobardes que se sienten infinitamente más cómodos condenando al periodista que al yihadista. Es la trinchera de los acomplejados que, parapetados en la mentira del buenismo, en todo encuentran excusas para blanquear cualquier crimen que les resulte ideológicamente inconveniente.

Si fuera por esta tropa hoy no sabríamos lo que pasó en la Alemania nazi, no habríamos visto a la niña desnuda abrasada por el napalm ni a Ortega Lara consumido y desorientado entrando a su piso de Gamonal. Habrá más crímenes, los mostraremos y los energúmenos nos volverán a insultar con espumarajos en la boca porque, como dijo Orwell “cuanto más se desvíe una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclamen”. Pero ese es el deber de los medios de comunicación, mostrar los hechos en toda su dimensión; tenemos que publicar sin morbo y sin sensacionalismo, pero hay que mostrar la foto, porque esconder el dolor no crea sociedades valientes, sino manadas infantilizadas incapaces de valorar los derechos y libertades de los que disfrutan.

Carlos Santamaría – Artículo publicado en Diario La Rioja

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