La gran impostura

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Para alcanzar las sobresalientes cotas de esperpento a las que está llegando el sainete catalán ha habido que trabajar muy duro. Esto hay que reconocérselo a los políticos de Madrid, empecinados en la inacción que tanto les convenía legislatura tras legislatura, y sobre todo a los lunáticos de la estelada que han ido inoculando su insensatez a la sociedad catalana como el Cholo Simeone, ‘partido a partido’. Porque los gobernantes de Cataluña que están desatendiendo las leyes de una forma tan escandalosa llevan años perpetrando otro desacato igual de peligroso: la manipulación de la Historia

Que España tiene un problema territorial es una cosa innegable, esto no lo discute nadie con un mínimo de sensatez, pero la sarta de mentiras que se lleva predicando durante décadas desde algunas autonomías ha terminado creando el escenario perfecto para el drama al que asistimos hoy. Los independentistas, que tan ruidosamente veneran el mito deformado que ellos mismos se han ido construyendo sobre la II República Española, olvidan lo que decía de ellos Manuel Azaña: “Los abusos, rapacerías, locuras y fracasos de la Generalitat han pasado al dominio público”. Esto nunca lo comentan las tropas de la barretina, como tampoco explican la mentira que envuelve el origen de la senyera, que la sardana la inventó un señor de Jaén de nombre José Ventura ni por supuesto la realidad de lo ocurrido en 1714, un conflicto sucesorio entre partidarios de los Austrias y los Borbones con repercusiones internacionales y no una guerra de españoles contra catalanes; a los fanáticos nunca les ha convenido abrir los libros de historia.

Todo esto nos ha conducido al momento presente, un tiempo político penoso e impredecible que recuerda a los episodios de Companys en 1934. En Cataluña se está confirmando esa frase de Karl Marx de que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Estamos en la gran impostura, es todo mentira; los nuevos mesías de la estelada prometen un tiempo nuevo y un mundo mejor para el pueblo catalán pero es pura farsa. Es como en la serie ‘El cuento de la criada’ cuando, tras hacer la revolución, el Comandante Waterford habla con su sirvienta Offred y le confiesa en un susurro: “Mejor no significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor”.

Carlos Santamaría – Artículo publicado en Diario La Rioja

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