Es la Sierra de Cantabria

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Los políticos mas torpes siempre acaban siendo adictos a las idioteces, sobre todo a esas tonterías que les proporcionan cierta sensación de poder, como cambiar el nombre de una calle o de una plaza; estos espectáculos les encantan porque, al ser incapaces de mejorar la vida de la gente, cambiar algo les hace sentirse protagonistas, fundadores de esa época gloriosa que se avecina una vez que han retirado la tela y dejan al descubierto la nueva placa del callejón. Lo que ocurre es que debajo de la placa sigue estando la misma calle de siempre, con sus tiendas y sus portales, con sus gatos y sus contenedores de basura.

Cambiar los nombre de las cosas es algo que engancha; algunos empiezan poniendo una placa nueva en la calle y terminan llenando de típex los libros de Historia para escribir Corona Catalanoaragonesa en lugar de Corona de Aragón. Lo que no se había visto nunca es querer cambiarle el nombre a una cordillera. En contra de cualquier criterio geográfico, histórico o etnográfico, en el País Vasco llevan décadas buscando que la Sierra de Cantabria se llame Sierra de Toloño.

Jugar con estas cosas es peligroso, porque el paisaje conocido es un territorio de afectos y de recuerdos; aunque a nuestro alrededor todo se desmorone ahí siguen inmutables el río, el campo y el monte con los nombres que escuchamos desde siempre a nuestros padres y a nuestros abuelos. La Sierra de Cantabria es la Sierra de Cantabria, por mucho que venga un tipo de Euskaltzaindia a cambiar cuatro carteles, como cuando los británicos renombraron el monte que los nepalíes llaman Sagarmatha y los tibetanos Chomolungma; les da igual que en occidente digan que es el Everest.

Cambiar Cantabria por Toloño huele mal, esto trae el aroma de ambientador del despacho oficial de algún cretino con cargo que, sentado en su sofá de cuero con una ikurriña a un lado y la foto de Sabino al otro, piensa que ‘Sierra de Cantabria’ suena demasiado español. Nos quieren manipular y se dedican a estas bobadas, se entregan a la comedia y no hacen más que el ridículo. Al verlos me entran ganas de decirles lo que ‘El Nota’ le suelta a su amigo Walter en esa escena de `El Gran Lebowski’ : “acabas convirtiendo todo en una parodia, tío”.

Carlos Santamaría – Artículo publicado en Diario La Rioja

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