Mal verano

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El verano languidece lentamente, dejándonos esos atardeceres temblorosos como bostezos, ocasos de sol naranja, silencios cálidos y sombras largas. Cualquier día de estos una brisa de aire frío nos traerá hojas secas por el suelo y habrá que empezar a desmontar el chiringuito; estamos casi en el final del capítulo, mirando fotos en el móvil, recogiendo las toallas y quitándonos la arena de los pies. Nunca es buen momento para hacer balances, así que es mejor plantearlos a cada rato. La Rioja está viviendo un mal verano, que empezó con la pólvora de las tormentas a modo de ceremonia inaugural y amenaza con terminar con sones de funeral; lo contaba Diego Marín en este periódico hace unos días: el sector turístico de La Rioja “lamenta un verano muy por debajo de sus expectativas”. Hay quien habla de el peor en veinte años.

Bajo el imperio despótico de sol y playa que es el turismo en España, La Rioja no tienen nada que hacer. Este no es un destino vacacional, aquí la única oleada de viajantes es la que producimos los riojanos al regresar de Peñíscola, Sanlúcar o Castro Urdiales. El resto, una muy escuálida procesión de parejas en ruta gastronómica, peregrinos y autobuses de jubilados a los que hay que aplaudir con lágrimas en los ojos. Junto a estos pocos héroes están los de la familia, los enamorados de esta tierra que llevan veinte o treinta años cumpliendo con su cita estival por las calles de Haro, Briones o Ezcaray. Ellos son los que demuestran lo sencillo que es quedarse cautivado por La Rioja.

Salvo el mejor museo mundial sobre el vino y un par de excepciones más, la oferta es poco competitiva: comer, beber y descansar. Quizás debamos decir lo de Chaves Nogales en ‘La vuelta a Europa en avión’: “Váyase, señor turista, váyase. Dejemos esto convertido en un museo o en una especie de relicario aislado de la vida contemporánea por una especie de vitrina espiritual”. Tal vez nos fuera mejor. Hace días una pareja de madrileños -o catalanes, que es básicamente lo mismo- me preguntaron “por ese famoso sitio de las patatas bravas”. Les dije que no hay tal sitio, que dos bares rivalizan desde hace años por el título; ni siquiera vienen ya con los deberes hechos.

Carlos Santamaría – Artículo publicado en Diario La Rioja

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Un comentario en “Mal verano

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