Sin guión

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Junto a la enloquecida referencia a la guerra de Eslovenia, la penúltima ocurrencia de los protagonistas del ‘procés’ ha sido la huelga de hambre de algunos políticos presos, una patochada que no se ha creído nadie, ni siquiera ellos parecen tomarse en serio a sí mismos porque se ha descubierto que estos personajes están bebiendo a escondidas batidos nutricionales; debe de ser duro hacer el ridículo tanto tiempo y tan espantosamente. El espectáculo ha sido entretenido, daban gana de sacar las palomitas. A mí me recordaban a aquella otra huelga de Yoko Ono y John Lennon, cuando estuvieron un par de semanas sin salir de la cama haciendo el hippie para protestar contra la Guerra de Vietnam. Fueron días de duros sacrificios. Durísimos. Cada mañana les visitaba en la habitación del hotel Hilton de Amsterdam una camarera que les hacía la cama, recogía y limpiaba todo. Parecido a las suites de Lledoners.

Billy Wilder repetía que, para que una película funcionase, había que atrapar al público por la garganta y no soltarlo. Es lo que nos está pasando con el proceso independentista; el público está cogido por el cuello, atrapado en esta intriga porque cada entrega del serial es un absurdo mayor, y la dimensión grotesca de los protagonistas de la chifladura -que no están todos en Cataluña- no para de agigantarse. En este último capítulo hemos visto a Quim Torra tomarse la tensión después de hacer dos horas de ayuno. Dos horas. Esto significa que, o bien el personaje nunca antes en su vida había pasado más de dos horas sin comer nada, o nos toma a todos por imbéciles.

Sería muy de agradecer que el guionista del ‘procés’ nos explicase de una vez si esto es comedia o es drama, aunque empieza a quedar claro que este momento infame de la reciente historia de España no tiene a nadie al volante. Puede que al principio existiera algún plan, pero ahora no hay guión, y entre unos otros van improvisando todo. El colofón de este precioso bochorno debería ser algo parecido a la escena final de “Los caballeros de la mesa cuadrada”. Tras una sucesión de aventuras surrealistas, los caballeros y Sir Lancelot se lanzan al asalto del castillo francés. Entonces aparece Scotland Yard y se los lleva a todos detenidos.

Carlos Santamaría – Artículo publicado en Diario La Rioja

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